viernes, 7 de junio de 2013

Ay Nicaragua, Nicaragüita, qué karma estarás pagando?

En 1927, en medio de la cuarta (si, damas y caballeros la cuarta!) intervención de los Estados Unidos en Nicaragua y de la lucha de Sandino en contra de esta injerencia extranjera, a alguien se le ocurrió la brillante idea de utilizar el magnífico lago Xolotlán como una  inmensa alcantarilla. Me imagino que entre tanto burumbumbum de los gringos, Sandino, el pacto del Espino Negro, las matanzas de campesinos en Ocotal etc. etc, pensar, razonar y ver hacia el futuro simplemente no era prioridad.  Y así, nuestro hermosísimo lago, una de nuestras bellezas naturales más encantadoras y potencialmente más proveedora de recursos, se convirtió en eso, en un enorme basurero. Pasaron los años y como las guerras nunca acabaron en nuestro país y para remate se da un terremoto en 1931, el lago siguió recogiendo todos nuestros desperdicios. No había tiempo para pensar en la catástrofe.
Imagine estas aguas limpias, sin contaminación. 

Eran los años 80 y, adivinen qué? Cincuenta años después seguíamos en guerra, igual contra nosotros mismos con la ayudita de los Estados Unidos y pues, no había mucho tiempo para pensar en la naturaleza, en nuestros recursos, en el ambiente ni nada de eso. Ya saben, con la guerra, el racionamiento, y demás, por favor! Entonces, ese espíritu malo que anda buscando venganza de algo que le hicieron en vida en nuestro territorio güegüense,  le sopló al oído a uno de los alcaldes de Managua de esos años, la súper idea de convertir nuestra bella laguna volcánica de Tiscapa en otro basurerito más. Bueno, no estoy segura si fue ese espíritu malo o falta de conciencia e inteligencia de nuestro ex alcalde de Managua, pero el resultado fue el mismo… otra fuente de agua, otro recurso, otra belleza destruida. (A propósito, espíritu o no, yo de ese alcalde no saldría de mi casa de la pena moral). Mandamos a nuestra naturaleza literalmente al excusado así por así.
Parece que esa mentalidad autodestructiva nos ha sido heredada o quizás sea el genoma de los nicas.
Vista de una de las áreas despaladas en Bosawás. 
Destruir, destruir, destruir, arrasar, arrasar, arrasar con todo lo que sea naturaleza, con nuestro ambiente y nuestro ecosistema. Parece que nos sentamos a pensar que más nos hace falta por destruir y así hemos destruido nuestros lagos, ríos, bosques, flora y fauna. El Xolotlán y Tiscapa son sólo pequeños ejemplos de decisiones eco-suicidas. El nica practica el suicidio ecológico todos los días. Los huevos de tortuga se comercializan, se compran, se venden, se consumen sin aparente conciencia del verdadero mal que se está haciendo. Y qué decir de Bosawás? Nuestro pulmón muere cada día y nosotros estamos muy ocupados para darnos cuenta. Pareciera que no nos importara, ni al gobierno como gobierno ni al ciudadano como ciudadano. Triste.
En estos últimos meses parece que las autoridades del país se han dado cuenta que no estamos destruyendo el lago Cocibolca tan rápido como deberíamos. ¿Qué pasa? No es normal que nos tomemos tanto tiempo en destruir un lago. Así que para aligerar el proceso, vamos a hacer un canal. Para garantizar su total destrucción del lago, vamos a darle la construcción del canal y su control a manos extranjeras. Así ellos no tendrán remordimientos que están destruyendo su país y que están dejando a las futuras generaciones solo las ruinas de lo que fue. Ese espíritu malo, bandido, anda haciendo de las suyas otra vez…. O será algún tipo de karma colectivo? Las más inverosímiles razones se me ocurren porque no tengo una razón válida o lógica para semejante falta de conciencia, de moral,  de inteligencia  ni para semejante despliegue de ignorancia, estupidez,  egoísmo y soberbia que actúa en contra de nosotros mismos, de nuestros hijos y nietos.
Ya lo dijo y  cantó Salvador Cardenal,
COMO EL AMOR DEFIENDE SUS DERECHOS
COMO QUERER OXIGENO EN EL PECHO
COMO SENTIR AROMAS EN LA SELVA
QUERO HEREDAR LO MISMO QUE ME DIERON

Y con todo el cariño que le tengo a este cantautor, ojalá y su canto no sea profecías de un futuro terrible y siniestro en nuestro país.

MIRA A TUS NIETOS, ELLOS DIRAN DE  VIEJOS
CUANDO ERA NIÑO PUDE CONOCER UN ARBOL
HABIAN TANTOS QUE MI ABUELO LOS TALABA
POR CAMIONADA, NADA, NADA
AHORA NO QUEDA NADA, LOCO, LOCO, LOCO,
NI UN ARBOL JUNTO AL OTRO
NADA, NADA, NADA, LOCO, LOCO, LOCO,
NI UN ARBOL JUNTO AL OTRO



domingo, 12 de mayo de 2013

¡Ay, ser madre!

Vean mi cara de embobada

Bueno y ya que todo el mundo se acuerda de las mamis y les da felicitaciones, yo me pregunto, si ustedes saben lo que sienten la mayoría de las mamás del universo. No sé si alguna ya se dio a la tarea de describirlo, pero si no, yo les voy a contar.
 Como ustedes ya saben, lo primerito que sentimos es AMOR. Si, un amor que inunda, que llena, que te extasía y que te vuelve tontita por completo. Llegás a enamorarte totalmente de esa personita chiquitita que anduvo en tu vientre por nueve meses. No importa si es bonita o si lo genes de la belleza pasaron a kilómetros de distancia, para vos, tu hijo es lo más bello del planeta tierra y que nadie se atreva a decir lo contrario…. o a insinuarlo…. o a decirlo con la mirada porque se va a volver el enemigo público número uno. Tu hijo es el más bello, más inteligente, más astuto, más avanzado, más gracioso, más ingenioso, más listo, y simplemente el más maravilloso del mundo, sin cuestionamientos. Si, así mismo, una especie de amor ciego  de nacimiento. Lo más sorprendente de esto es que aunque pudieras pensar que tanto amor solamente lo podés sentir por una persona, lo podés sentir por dos, tres, cuatro, cinco o todos los hijos que tu mala cabeza y tu pasión o las circunstancias (no Dios,) te pueda dar.
Luego de eso, se siente un tremendo y terrible MIEDO. Y qué si le pasa algo? Si se cae? Si se ahoga con algo? si se enferma ? y si no lo logra superar? Si sufre daño en cualquier manera? Cuando va al colegio tenés miedo que la profesora no lo quiera, que le ponga tema (si mis estimados, eso es uno de los mayores temores de los padres, que los profes les “pongan tema”) que los amigos lo mal influencien (porque nuestros angelitos nunca mal influencian, siempre son los otros chavalos que sus padres no les ponen rienda y andan maleando a los demás).Sin embargo, te da miedo que no tenga amigos, que lo aíslen, vos querés que sea popular y que tenga muchos, muchos amigos…. Te da miedo que fracase en el colegio, en los deportes, socialmente o en cualquier  otra cosa que emprenda, o que le guste o que no le guste hacer pero que vos los estás empujando a hacer porque querés que sobresalga. Te da miedo que empiece a  consumir alcohol o a fumar (aunque vos lo hagás) o aun peor a drogarse. Cuando llega el tiempo de ir a  la universidad, te da miedo que no logre entrar, que no seleccione la carrera apropiada, que no logre terminar los estudios y que los profesores les sigan teniendo tema (si, esos benditos profesores nos atormentan toda la vida de madres).Luego los profesores son sustituidos por los jefes, si esos mismos que no sabés cómo si tu hijo es más inteligente, más capaz y entrenado la otra persona es el jefe y no tu hijo. Los papeles obviamente están invertidos.
En lo sentimental, nos da miedo que le rompan el corazón (nunca será él quien rompa un corazón, por supuesto), que no encuentre a la pareja perfecta, que esa persona a quien escogió no sepa valorar el tesoro que se encontró, que no lo atienda, le sirva, le ayude y lo ame como se lo merece, especialmente si tu retoño es mujer, con tanto misógino, machista que anda suelto por ahí. Nos da miedo que fracasen sentimentalmente, profesionalmente o en cualquier otro ámbito. El temor nos aprisiona si viaja, si llega tarde, si no nos llama por teléfono para hacernos saber dónde está. Y así pasamos nuestras vidas desde el día que sabemos que estamos esperando, si porque en el embarazo son otros temores, que si respira, que si se mueve, que si está cómodo, que si está bien de peso, que si va creciendo normal, etc., etc. No importa lo valiente, ni lo fuerte que seas ni todo el coraje y el valor o el carácter que tengás, siempre vas a tener esos temores, a veces, muy pero muy escondidos dentro de vos, que ni siquiera te das cuenta que los tenés pero ahí están, por eso empujás a tus hijos a ser mejor, los presionás para que sean excelentes o los sobreprotejés, o los malcriás, o te volvés loca tomando decisiones  en vez de ellos…en fin….
El tercer sentimiento que se apropia de vos cuando llegás a ser madre es CORAJE. Entonces, no importa lo tímida, callada, apocada o terriblemente débil que hayas sido toda tu vida. De pronto tenés fuerza para todo. Para pasar despierta toda la noche, cuidarlo 24 horas al día mimarlo, consentirlo, alimentarlo y demás aun cuando tenés que trabajar, hacer las tareas del hogar y lidiar con el marido (si lo tenés y si a quien tenés es uno de ésos que piensa que la tarea gigantesca de cuidar hijos y la casa y todo lo demás es cosa de mujeres aunque ellos sean los “más fuertes” )

Tenés fuerza para batallar contra todo aquel que le quiera hacer daño a tus angelitos, profesores incluidos, (¿Se acuerdan? Esos terribles profesores que le ponen tema y no podés explicarte por qué) y te podés pelear con quien se atraviese en tu camino. Te volvés “bocatera”, invivible, insoportable porque nosotros podemos hacerles y decirles cualquier cosa a nuestros hijos pero nadie más puede, porque nadie, queridos señores, nadie se mete con nuestros hijos y salir ileso… por lo menos una buena “tratada” le damos…. Todas esas sentimientos reacciones y emociones, amor, miedos, coraje es ser madre y se siente maravillosamente bien…. 

miércoles, 2 de enero de 2013

La Cultura del Abuso

Cuando estaba aprendiendo a manejar, recuerdo que decía que iba a esperar que todos los otros carros pasaran primero. De esta manera, en mi inocente mente de conductora novata, me evitaría los problemas y probables choques. Andaría a cierta velocidad y guardaría mi distancia bien medidita. ¡Ah! ¡Días felices de inocencia e inconsciencia!
Estando ya en la calle, la realidad fue otra cosa. Taxistas, buseros, civiles, pitando descontroladamente que hacían que mi pie pisara el acelerador por inercia, sin medir las consecuencias. Carros y motos que invadían mi milimetrada distancia, la que yo cuidaba con recelo y en un santiamén zas, zas dos o tres carros más delante de mí porque yo testarudamente seguía guardando mi distancia. Pero los pitos y las invasiones no son nada a la par de los “piropos” que los acompañan. “Cambia esa chatarra”, “Mujer tenías que ser”  “$&%<xªº\%$&+** perica, ¡Aprendé a manejar primero!!  Y otros que por respeto a mí misma no repetiré acá.
He pasado por todos las etapas psicológicas que se puedan pasar con este asunto. Lo negué.No  puede pasarme esto. Es que ¡debería haber una ley que prohíba el abuso verbal a otros conductores! Me enojé. ¿Es que creen que yo no puedo ser igual de violenta? ¡Se equivocan!
 No podía contestarles porque las malas palabras y ofensas orales no son mi fuerte.  Recurrí a otras estrategias. Me quedaba sin avanzar mientras más pitaban. Si me invadían mi espacio de alguna manera les hacía de seña con la mano que se dejaran venir, yo ahí los estaría esperando para que me dieran. ¿Estaban listos para un choque? Porque yo sí.  A los buses les pitaba y me iba encima de ellos. Era divertido ver la cara de “ésta salió más loca que nosotros” que ponían los choferes…entre otras tácticas pasivo-agresivas con las que me fui defendiendo, ajustando a esa gran selva que es el tráfico en Managua. Ley Darwiniana. Me adapto o muero.
Poco a poco pasé del enojo y las ganas de ser una experta en serpentinas para pincharles las llantas a los miserables conductores de  Managua  a la aceptación y resignación……….. No esperen. Aceptación y resignación no. Nunca. Por eso estoy escribiendo esta entrada. Jamás aceptaré la cultura del abuso que vivimos, en la que estamos inmersos. El tráfico en Managua es solamente un pequeño ejemplo de lo abusadores que son algunas personas en este país. Se sienten con todo el derecho de ofenderte si no avanzas a la velocidad de ellos. La distancia invadida es una pizca de la montaña de invasiones a tu espacio a tu integridad. Donde sí respetas las leyes sos el raro, el tonto que ni Dios quiere.
Lamentablemente somos un país donde mucho se creen con la autoridad de gritar, ofender, ultrajar con la palabra, mancillar tu dignidad, tu libertad de andar de la forma que te sea más grata, más conveniente.  Escribiendo, recuerdo las veces que me ha pasado estas situaciones y sólo veo caras masculinas. Me pregunto si tendrá que ver con ese terrible machismo que asola el mundo (digo el mundo, porque ustedes saben que no solo en Latinoamérica existe). Y recuerdo que en el tráfico si solamente he visto hombres pero en otras circunstancias también he visto mujeres, generalmente abusando a otras mujeres. Una vergüenza total.
Supermercado La Colonia. Esperando para comprar carne. Un grupo de personas  con número en mano. De pronto una señora queriendo ser atendida de primero se da cuenta que no tiene número. La arremete contra la dependienta. “Vos que no me pudiste decir que había que agarrar número”, le grita. El enojo y la sangre que me sube a la cabeza no me permiten discernir las ofensas siguientes. Con el corazón acelerado alzo la voz. “Pobre señora, primera vez que viene al súper, ella no sabe que hay que tomar número y como encima la pobre también es ciega, no ve el dispensador….”  Silencio total. Nadie más me apoya. Cómplices de maltrato. Los sancionaría de ser juez. Sigo en mi arrebato de paladina de la justicia. “¿De dónde será esta señora que nunca había ido a un súper?  Se le ve la sonrisa contenida a la dependienta. Estoy satisfecha.
Payless Shoes de Metrocentro. En la fila para pagar. De repente una mujer en sus treinta, de “buena pinta” comienza a gritarle a la muchacha de la caja. Absurdo su reclamo. Me indigno. Gente ignorante, pienso. Siento ese calor que me da cuando se me sube la sangre. Exploto. “Oiga usted ¿si sabe que las políticas no las establece esta chica, verdad? No recuerdo bien lo que dije. Mucha sangre en mi cerebrito. Sólo recuerdo que la mujer se fue apresurada. Me quedé en la fila hablando con las demás personas. ¿A ustedes les gustaría, que a su hermana, su mamá, su novia, su esposa, una persona que quieran mucho, alguien las maltratara de esta manera? Algunos bajaron la cabeza. Otros me miraron con cara de “loca, a un ser querido mío nunca le pasaría esto”….
He visto tantas situaciones de abuso (sin mencionar el acoso sexual que es otro rollo y grande) que he llegado a la conclusión que vivimos en una cultura de abuso. Abuso extremo por todos lados. Abuso verbal, abuso de confianza, abuso de autoridad, abuso, abuso, abuso. Tanto así que ni siquiera lo reconocemos como abuso, lo vemos como algo normal y natural. Tengo muchas cosas por las que me siento orgullosa de mi país, pero ésta no es una de ellas. De hecho, es mi mayor afrenta. Solamente espero que un día nos demos cuenta y nos decidamos a cambiar. Por mi parte, empiezo con esta entrada a ver si poco a poco podemos ir transformándonos en mejores personas, mejor sociedad y mejor país.

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